Menchu Gal no fue una pintora figurativa convencional

Sobre la composición de los cuadros de la pintora española  Menchu Gal se ha destacado que sus puntos de vista son mayoritariamente frontales, lo que es cierto, pero debe ponderarse aquello de que carecen de perspectiva, de que las distintas formas se alinean en un solo plano confundiéndose las distancias.

Si bien es cierto que la pintora “estructura” los planos fiándose de la capacidad constructiva de los colores, con sus propios valores moduladores de luz-sombra, apenas matizados para rebajar su contundente presencia (algo recurrente en sus paisajes mesetarios durante su militancia en la Joven Escuela de Madrid), sin embargo conforme va optando por un fauvismo palpitante en que las formas se dinamizan, sabe fijar perfectamente las distancias suavizando los tonos y diluyendo las manchas cromáticas suyas tan características en los últimos planos, en tanto que en primero y segundo términos multiplica los toques de pincel para dar sensación de inmediatez.

Quizás aquello de que Menchu Gal confunde las perspectivas sea más de ver en sus bodegones cubistas.

Menchu Gal obtuvo el Premio Nacional de Pintura en 1959.