El retrato en la obra pictórica de la pintora española del siglo XX Menchu Gal

La mayoría de los retratos de la pintora Menchu Gal son femeninos, poseen una tibia pulcritud, son exactos, sin estridencias, naturales en sus poses personales. Sus personajes, siempre individualizados, están tratados con elegancia y ternura (algo más notorio en sus retratos infantiles).

Sus rostros ensimismados tienen gran capacidad seductora y en su búsqueda por captar la complejidad psicológica del retratado, la emoción humana y el sentimiento estético se entremezclan. Salvo excepciones, sus retratos están concebidos sin escenografía, ante un fondo en el que apenas se esbozan las paredes de una habitación, aunque también los antepone a ventanas que permiten ver el exterior o las aguas del mar.

Sobre este fondo se recortan limpiamente sus figuras de mujer, de busto, medio cuerpo o en canon de tres cuartos sentadas sobre sillas, las manos apoyadas sobre su respaldo o recogidas sobre el regazo. A veces son representadas de cuerpo entero, recostadas, con las piernas contraídas o en desnudo frontal, incluso dorsal -el retrato de un cuerpo visto de espalda- igualmente desnudo, que dirige su rostro en dirección al jardín a través de la ventana.

Menchu Gal es una de las principales representantes de la pintura española del siglo XX