El paisaje en la pintura de Menchu Gal, pintora española del siglo XX

Los géneros a los que Menchu Gal ha dedicado atención preferente han sido el retrato, el bodegón y el paisaje (al que se entregará de manera preferente en la década de 1960), si bien se ha interesado por la pintura de flores y de interiores además del desnudo, empleando en su ejecución mayormente el óleo, aunque también la acuarela, y ha practicado el grabado de forma significativa. Incluso ha colaborado con ilustraciones en libros y revistas.

Su dedicación al paisaje es la que mejor resume sus afanes como pintora y permite estudiar con detalle su evolución estilística. La pintura de Menchu Gal es figurativa. Lo que no significa que sea realista stricto sensu. En sus cuadros no reproduce de manera exacta lo que ven sus ojos, sino la sensación producida por el motivo a través de su sensibilidad. Primero ella se apropia de la realidad, luego subjetiviza lo observado, lo filtra en el tamiz de sus vivencias personales, y el resultado se proyecta en el soporte, que nos devuelve a una realidad poetizada.

“Lo pinto como yo lo veo, probablemente es como yo quisiera que fuese”, ha afirmado la pintora.

Por ello su pintura tiene gran capacidad de sugerir, y la emotividad de la artista –sea su tristeza o alegría- se desvela entre pinceladas y colores. Moreno Galván opina que la consecuencia es un paisaje “recreado”, autónomo pero no inventado, puesto que parte de la contemplación de la realidad.